UNA POETISA CAMPESINA EN EL SIGLO XIX


Con bastante verdad se ha dicho que el sentimiento de lo bello es como la vida del corazón de la mujer y la más valiosa prenda con que la Providencia quiso favorecerla: la señorita JESÚS LÓPEZ viene á comprobárnoslo; ella poseé ese sentido íntimo, aspiración del alma á lo infinito, que la transporta en éxtasis divino á la esfera de la belleza y del arte.

Poco ha escrito nuestra poetisa, ó mejor dicho, muy escasas son las producciones suyas que traspasando el humilde recinto de su hogar han venido á regalar nuestros oídos y á conmovernos el alma, infundiéndonos grata satisfacción al ver que la mujer centro-americana toma parte en la poética obra de alfombrar con bellas flores el campo de nuestra literatura.

Como mujer salvadoreña, es modesta en extremo y canta á solas; pero nacida á las orillas del Acahuapa, en la región que se extiende al pié del San Vicente, tiene JESÚS LÓPEZ imaginación brillante y encendida, como el cielo de los trópicos, aunque esté velada por la modestia, así como á éste lo cubren alguna vez las nubes que se alzan desde el fonde de nuestros valles y desde el seno de nuestros lagos.

La escasa fortuna de sus padres, consagrada á llenar las perentorias exigencias de la industria agrícola qie constituia la sola esperanza para lo porvernir, no permitió a JESÚS LÓPEZ recibir una educación más esmerada. Lejos de nuestro movimiento literario, extraña á las obras de los poetas que han venido sirviendo de modelo en Centro-América, sola con su sentimentalismo delicado y su entusiasmo por las buenas letras, ha escrito sus poesías y ha traducido sus impresiones, siempre suaves y apasionadas y llenas de mística unsión y ternura.

Muy pocas son las personas que conocen los versos de JESÚS LÓPEZ, porque ella los ha compuesto para sí sola y ha huído temerosa, ya sea del aplauso de las gentes ó ya de la preocupación de los que creen que no es dado á la mujer dedicarse al cultivo de las artes ó de las ciencias. Y esa timidez, natural en el caractes de nuestras mujeres, ha privado á la patria de que JESÚS LÓPEZ la brindase con numerosas producciones de su ingenio. Hasta cierto punto, ella se ha visto obligada á renunciar á sus naturales inclinaciones, y si acaso ha compuesto muchas poesías, están por ahí, humildes y tímidas violetas, exhalando en el retiro de su delicada fragancia.

Nació el 28 de Noviembre de 1848, y los tiempos de su juventud florida no fuieron por cierto de los más prósperos para la poesía nacional, porque, si hoy andamos tan desalentados por tal falta de estímulos, peor cosa sucedía en aquel entonces. Tuvo la soñadora poetisa que detener el vuelo cuando empezaba, tórtola amorosa, á arrullar de deliciosa manera; y han corrido los años sin que se haya lanzado por el espacio á bañarse de luz y á beber los aromas del paraíso soñado por los poetas.

No conocemos personalmente a la señorita LÓPEZ; pero se nos ha dicho que es de índole suave y agradable. Amiga de las letras, ha leído en estos últimos años á buenos y recomendables autores y ha atesorado algunos conocimientos; pero ignoramos si sigue rindiendo culto á las musas y se le alienta el anhelo de figurar al lado de nuestros poetas. Le sobran disposiciones ¿porqué no aprovecharlas y conquistar imperecedero renombre? Las necias preocupaciones de una parte de la sociedad, no son para atendidas y mucho menos por ella, mujer inteligente, que tiene un corazón de poetisa y numen que puede alzarse arriba de la pequeñez de los hombres.

Qusiéramos tener a la vista mayor número de composiciones de ella, para rendirle más aplausos, que de seguro los merecería; pero no nos ha sido posible conseguirlas, y á nuestro pesar ponemos punto á esta ligera noticia biográfica. Quizá á otros les sea dado después echarle en el camino abundante lluvia de flores, cuando nos regale con las armonías de su lira. Canta, poetisa!



Román Mayorga Rivas
Guirnalda Salvadoreña, Colección de Poesías de los Bardos de la República Del Salvador, Precedida de Apuntes Biográficos y Juicios Críticos sobre Cada Uno de Sus Autores, Tomo II; San Salvador, Imprenta del Doctor Francisco Sagrini, 1885.



Sin título (detalle)
Antonio García Ponce (1901-1974)
Acrílico sobre tela, 120 x 120 cms., 1963

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