Dos amores fundaron dos ciudades
Con motivo de la llegada de Su Santidad, Juan Pablo II, a El Salvador, considero oportuno recorrer, siquiera sea con esta superficial rapidez, la historia eclesiástica de El Salvador. Dos pensamientos se vienen a la mente. El primero: ¡Qué poca historia tenemos! Nacimos hace apenas cuatro siglos y medio en el fragor de una lucha que nos humillaba y nos redimía. Desde entonces hasta 1821 nuestra historia fue la de España, porque hijos éramos de aquella madre de pueblos y colonias de aquel imperio que no veía la puesta del sol. Y de 1821 al presente ¿cuánto va? Ya más de un siglo, exactamente 175 años de vida independiente. Al historiador que estudie los hechos de este tiempo para sistematizarlos y filosofarlos le queda la impresión de que todavía no se ha sedimentado totalmente el primer período. Suceden las cosas con la indecisión y la movilidad características de los pueblos en formación. Y el segundo pensamiento es el de San Agustín: "Dos amores hicieron dos ciudades: el amor de Dios, llevado al desprecio de sí mismo, dio origen a la ciudad de Dios, y el amor de sí mismo, llevado hasta el desprecio de Dios, a la ciudad terrena" (Ciudad de Dios, XIV, 28). Esas dos ciudades han sido entre nosotros la Iglesia y el liberalismo. Puede afirmarse que ambas fuerzas, pero principalmente la primera, nos hicieron independientes. Fueron los misioneros los primeros en defender nuestra dignidad y los que nos enseñaron que éramos personas con derecho a la libertad. La posterior participación directa de muchos eclesiásticos en las luchas de independencia nos lleva a sacar la conclusión de que es la Iglesia Católica sin género de duda la verdadera Madre de nuestra libertad.
Empieza la misión apostólica
Desde el año 1524 hasta 1540 se lleva a cabo la evangelización y civilización de la Intendencia de El Salvador, obra exclusiva
del clero secular, como nota el P. Olmedo S. J. (Apuntes de historia de El Salvador, pág. 93). Fue primer cura de San
Salvador el P. Pedro Ximénez y por renuncia de éste el P. Francisco Hernández. Sin embargo, el primer párroco
canónicamente electo fue el P. Antonio González Lozano.
El 6 de agosto de 1526 gana Alvarado su victoria decisiva y aquel día la ciudad que, por haber sido fundada en las
proximidades de Semana Santa, se había consagrado al Salvador Crucificado, queda definitivamente consagrada al Salvador
Glorioso de la Transfiguración.
En 1537, año en que era consagrado el primer Obispo de Guatemala, el Sr. Marroquín, se funda en El Salvador el primer
convento de regulares. Los religiosos venidos al país fueron: Dominicos, Franciscanos, Mercedarios y Hospitalarios de S.
Juan de Dios. Estos últimos se establecieron en Sonsonate.
A pesar de lo reducido del territorio había cinco Vicarías: San Salvador, Sonsonate, San Vicente, San Miguel y Santa Ana.
Durante los días pacíficos de la colonia la Iglesia se consagró a elevar el nivel religioso y cultural de los indios. Informa el
Intendente Ulloa que a principios del siglo XIX había en El Salvador 88 escuelas con 1793 alumnos. Las cifras no son, sin
embargo, muy halagüeñas dadas las oprimentes necesidades de los pueblos y su creciente población. Entonces S. Salvador
tenía más de 7.000 habitantes.
La Iglesia en medio del fuego independentista
Y llegamos al momento histórico en que se rompen la continuidad homogénea de la vida colonial y los vínculos que nos unían
con España. La Iglesia hasta entonces había actuado como dueña absoluta de la situación. Un misionero, indiscutiblemente,
podía más que un conquistador. Y si es cierto que el conquistador humilló e hipnotizó con su fiereza al indio, es más cierto aún
que fue el misionero el que le hizo sonreír. La espada buscaba esclavos. Pero ahí estaba sobre el campo de batalla la sombra de
la Cruz que cobijaba a los hijos de Dios. Sólo el misionero pudo convencernos de que en la conquista realizada por el invasor
había un amoroso designio providencial.
Por una evolución natural de las cosas y por el influjo de la Francia liberal a principios del Siglo XIX había prendido en las
colonias el fuego de la rebelión. Especialmente de El Salvador dice el P. Olmedo que fueron dos las causas de la lucha: la
independencia de México el 16 de septiembre de 1810 y su rivalidad con Guatemala. Fueron los salvadoreños los más amantes
de la independencia y los que lanzaron el 5 de noviembre de 1811 el primer grito de libertad oído en Centroamérica. Ya
entonces aparece conduciendo los acontecimientos la relevante figura de José Matías Delgado.
El 15 de septiembre de 1821 se realizan por fin los anhelos de los patriotas y es proclamada la independencia en el Real Palacio
de Guatemala. Viene la noticia a El Salvador y el 21 de septiembre del mismo año se levanta el Acta de Independencia de El
Salvador. Al venir Delgado de Guatemala se forma la Junta Provisional de Gobierno de la que él es nombrado Presidente.
En 1825 Arce resulta electo primer Presidente de Centroamérica. Y en 1829 sube al mismo honor Francisco Morazán, que
había de ser el primer perseguidor de la Iglesia. Vino, entonces, como dice el P. Malaina, una plaga de decretos persecutorios
(Historia de la Diócesis de S. Salvador, pág. 10). Morazán expulsa al Sr. Arzobispo, Mons. Casaus y Torres, entonces
enfermo, obligándole a dejar como Vicario suyo a un discutido sacerdote, el Dr. José Antonio Alcayaga. Lo mismo sucedió a
otros muchos sacerdotes. Se adjudicaron al Estado los bienes del Arzobispo cuya sede se declaró vacante y él declarado traidor
a la patria. Se prohíbe la promulgación de bulas papales, se decreta la libertad de cultos aunque reconociendo el credo católico
como creencia del país, se suprime el pago de los diezmos, se suprimen los establecimientos monásticos, se ordena el
matrimonio civil, se permite el divorcio, etc. etc.
Nacimiento de la Diócesis de San Salvador
En 1840, siendo presidente de El Salvador el Dr. Antonio José Cañas, se inician las gestiones para la erección de la Diócesis de
San Salvador. Una de las personas que se exponían al Santo Padre era la considerable población que excedía los 300.000
habitantes, no obstante las guerras y epidemias sufridas.
El 2 de abril de 1841 es designado para llevar la representación del Gobierno ante la Santa Sede el sacerdote salvadoreño Dr.
Jorge Viteri y Ungo que era por aquellos días Secretario de Estado del Gobierno de Guatemala.
Dos años después, con fecha 10 de febrero de 1843, venía de Roma una gozosa carta del Sr. Viteri a su hermano Juan José:
"Tengo el gusto de participarte que por fin se celebró el Consistorio (el 27 de enero)... en el que fui preconizado solemnemente
Obispo de esa Santa Iglesia.
Era Sumo Pontífice Gregorio XVI y por la Bula "Universalis Ecclesiae procuratio" del 28 de septiembre de 1842 había erigido
la Diócesis de San Salvador.
Regresa el Sr. Viteri de Roma recibiendo honores por todos los lugares por donde pasaba, comenzando en París donde
encuentra cartas que le creditan como Enviado Extraordinario de los Estados de Centro-América ante Su Majestad el Rey de los
Belgas. En La Habana le abraza con lágrimas de consuelo el desterrado Sr. Casaus y en Guatemala el Gral. Rafael Carrera hace
un llamamiento a todos los guatemaltecos para tributar honores al nuevo Prelado.
Se comprende que la ansiedad y los regios preparativos con que se le esperaba en San Salvador. El 20 de septiembre de 1843
es recibido en Ocotepeque, el 21 en La Palma, pasando luego triunfalmente por La Reina, Tejutla, San Diego, Guazapa, y
llegando a Apopa el 24. El 25 entra en San Salvador y ocupa solemnemente su Catedral.
Al tomar posesión el Sr. Viteri había en la Diócesis 24 sacerdotes. A éstos se añaden tres que traía consigo el Sr. Obispo entre
los cuales venía el talentoso e iracundo Fray Eduardo Vázquez O. P. originario de Colombia y del cual pronto volveremos a
hablar. Nombra luego Canónigos aunque dejándolos en sus parroquias, a los Pbros. Tomás Miguel Pineda y Saldaña, Manuel
Serrano, Diego Mariano Arce y José Ignacio Saldaña. El mismo día de su primera Pontifical, 1o. de octubre de 1843, proclama
a la Virgen del Rosario segunda Patrona de la ciudad y aviva la devoción a la Sma. Virgen de Guadalupe.
Los liberales, por su parte, no podían ver con buenos ojos los triunfos de la Iglesia. El Sr. Viteri tuvo que predicar
abiertamente contra el Gral. Morazán y su partido. Y el dominico que ya dijimos, Fray Eduardo Vázquez, predicó en la catedral
un sermón virulento e imprudente que le valió el apodo de Fray Veneno y encendió el fuego de la discordia. El primer Obispo
de S. Salvador apenas gobernó 2 años y 10 meses. Los enemigos le pusieron en desacuerdo con el poder civil acusándole de
rebeldía política y él, para evitar mayores males, tuvo que retirarse a Nicaragua. Renunció a la sede de S. Salvador, aceptó la de
León y murió poco después el 25 de julio de 1853.
Animadversión Iglesia-Gobierno
El 8 de julio de 1848 el Papa Pío IX nombra segundo Obispo de San Salvador al Canónigo Deán Don Tomás Miguel Pineda y
Saldaña, consagrado al año siguiente en Ocotepeque por Mons. Compoy y Pérez. Fue a Mons. Pineda y Saldaña a quien tocó
celebrar el 7 de diciembre de 1855 en Cojutepeque, pues allá se había trasladado la capital a causa del terremoto del año
anterior, la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción.
El año 1861 el presidente Barrios pretende obligar a todos los sacerdotes a jurar incondicional sumisión a las leyes y al
Gobierno. Respondiendo el Sr. Saldaña que el juramento sólo podía admitirse si garantizaba las leyes canónicas, fue desoído,
y se recurrió a la violencia. En noviembre de 1861 era desterrado de Guatemala el Sr. Obispo, e igual suerte cupo a otros
sacerdotes. El Santo Padre alabó la firmeza del Sr. Saldaña en una carta que le dirigió el 22 de mayo de 1862. Felizmente el 3
de octubre de ese mismo año se firmaba el famoso Concordato con la Santa Sede y el Obispo Saldaña volvió a su grey.
Durante la presidencia del Dr. Francisco Dueñas (1863-1871) vienen a El Salvador los padres Capuchinos, Jesuitas y las
Hermanas de la Caridad.
Una revolución derrocó al presidente Dueñas y llevó al poder al Mariscal González. El clero fue el único sector que permaneció
fiel al gobierno del ex presidente Dueñas que tan bueno había sido con la Iglesia.
El 5 de noviembre de 1871 es consagrado Obispo auxiliar con futura sucesión Mons. Luis Cárcamo y Rodríguez. Uno de los
padrinos en la ceremonia fue el mismo presidente González. Como se ve, las cosas comenzaron bien. Pronto aparecería el
primer eslabón de una larga cadena de disgustos.
En la visita que hizo a El Salvador el presidente de Guatemala, García Granados, liberal que había expulsado de Guatemala a
los padres jesuitas y que venía a El Salvador para que también aquí se adoptaron las mismas medidas antirreligiosas, el Sr.
Saldaña se negó a que fuera recibido con repiques de campanas. ¿Iba a recibir con alegría el Obispo sufragáneo al que acababa
de expulsar a su Arzobispo?
Y se llegó hasta el extremo. En 1872 salen expulsados los padres jesuitas, después los padres capuchinos y otros del clero
secular. Entre tanto, el Vicepresidente, Lic. Manuel Méndez, introducía la masonería en El Salvador. Se secularizaban los
cementerios, quedaba roto el Concordato y finalmente es desterrado el mismo Sr. Cárcamo en compañía de otros ilustres
sacerdotes. Siendo ya incapaz el anciano Mons. Pineda y Saldaña, quedó encargado del gobierno eclesiástico el Canónigo Dr.
José Antonio Aguilar, que pronto había de ser también desterrado con otros tres sacerdotes.
El 6 de agosto de 1872 moría a los 81 años de edad, debilitado el vigor de sus fuerzas mentales, el Ilmo. Sr. Saldaña. El
Obispo Cárcamo comenzó a gobernar la Diócesis desde su destierro de Nicaragua.
El 12 de septiembre de 1885 moría Mons. Cárcamo y en 1888 es nombrado Obispo Mons. Pérez y Aguilar quien tuvo la gloria
de ser el primer Arzobispo de San Salvador el año de 1913 al ser creada por Pío X la Provincia Eclesiástica salvadoreña con las
sufragáneas de San Miguel y Santa Ana.
Matías Romero
El Salvador Hoy, 3 de febrero, 1996