OPINION
El próximo 12 de noviembre los guatemaltecos votaremos para elegir entre 19 candidatos a nuestro próximo presidente. También escogeremos a los miembros del Congreso, a los del Parlamento Centroamericano y a 330 alcaldes.
Las elecciones se centran sobre todo en el presidente. Nuestro sistema político-económico es centralista y depende mucho de un hombre solo. Precisamente una de las mayores esperanzas es que el próximo gobierno descentralice no sólo la cúpula del poder, sino también las decisiones de la misma.
Entre ellas está buscar un sistema económico más libre, en el que el gobierno apenas intervenga. Actualmente la mayoría de los economistas coinciden en que, para que un país como Guatemala supere el subdesarrollo, se requieren cambios estructurales audaces, como, por ejemplo, desregular y desburocratizar la economía; favorecer una mayor participación de los ciudadanos en la administración y ejecución de los servicios básicos, y permitir que el sector privado proporcione servicios de infraestructura.
La clave está en modernizar el Estado, pasando de un Estado eminentemente centralista y benefactor a uno subsidiario y facilitador del desarrollo.
SI TODOS PROMETEN CAMBIOS SIMILARES...
La mayoría de los 19 candidatos pareciera que coinciden con los técnicos en la materia. Todos prometen cambios estructurales en nuestro sistema económico, social y político. También pareciera que coinciden en que, para lograr un mayor bienestar, debemos aspirar a ser más productivos y competitivos.
En los últimos años la economía guatemalteca ha crecido a un ritmo anual del 4%. Esto significa que el ingreso per cápita ha mostrado un aumento de alrededor del 1% anual. Más de la mitad de la población no tiene ingresos ni para alimentarse adecuadamente y el ritmo del crecimiento es demasiado lento para superar tan dolorosa lacra. Es imperativo acelerar el crecimiento de la economía a tasas del 7 u 8% anual. Además, este ritmo de crecimiento debe mantenerse por más de una década.
...EN QUE SE DIFERENCIAN LOS CANDIDATOS?
En teoría la agenda está ya fijada. Ahora bien: cuál es la diferencia entre los candidatos y sus 32 agrupaciones políticas, y por quién debemos votar?
La meta de cualquier candidato no debe consistir sólo en ganar, sino sobre todo en responder a las expectativas de los electores y abordando con energía la solución de los problemas más urgentes. Nuestros últimos dos presidentes han gobernado menos de tres años. Ambos se han caracterizado por no realizar cambios de fondo, no contar con un plan compartido por sus propios ministros y carecer en el equipo de un líder con visión de largo plazo.
La diferencia entre lograr el éxito y no lograrlo radica básicamente en los medios y métodos que cada candidato utilice para realizar los cambios y alcanzar los objetivos.
Antes de votar hay que informarse adecuadamente. Primero debe investigarse qué ha hecho en su vida cada candidato. Sus metas y sus logros. Sus valores y principios. Debemos preguntarnos si el candidato está preparado para ser presidente o no. También es importante saber quién lo rodea, si trabaja en equipo y, ante todo, si tiene madera de líder. Luego que se le dé el visto bueno al candidato, debería de investigarse la trayectoria de su partido.
Es importante estudiar los distintos planes de gobierno, si es que existen. Si el candidato no cuenta con un plan, ojo!: de antemano podríamos concluir que no le quedará más remedio que improvisar. Si el candidato tiene un plan, debemos buscar en él su estrategia para ejecutarlo. En esta estrategia debe analizarse cuál va a ser el rol del Gobierno, cuáles los pasos que piensa dar para liberar la economía, cuál su plan de seguridad, y cómo logrará su equipo de trabajo mejorar los servicios de salud y educación.
En fin, la ventaja es que, aunque no vivimos todavía en una verdadera democracia, nuestras leyes sí permiten la alternabilidad del poder, y si no acertamos en esta oportunidad, acertaremos dentro de cuatro años. Sin embargo, no debemos permitirnos el lujo de equivocarnos. Debemos ser optimistas y no pensar que es un túnel sin salida: si le parece que ningún candidato da la talla, elija por lo menos aquel que, según usted, está menos lejos del ideal.
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