INTERNACIONAL
Primera impresión: triste y perturbante. De abril a diciembre, la ciudad sufre garúa, una neblina gris que esconde el sol durante seis largos meses. El río Rímac, que a poco esquiva el centro de la ciudad, carga con más de 700 mil toneladas de basura al año y, lamentablemente, sus cauces encuentran muy temprano al turista que arriba al Aereopuerto Internacional Jorge Chávez. Aproximadamente un tercio de la población de este país de más de 23 millones de habitantes viven en esta ciudad; y, de ellos, un 80% se localiza en los pueblos nuevos o barriadas, pueblos pobres que abrazan su perímetro.
La ciudad es la ciudad de los reyes. Lima, fundada por Francisco Pizarro el 6 de enero de 1535, hereda su nombre del río Rímac y su sobrenombre del Día de los Reyes Magos. No obstante el tráfico y la garúa, hoy se vislumbra la Lima del Virreinato, con edificios de antaño deteriorados, pero con su bellísima y bien mantenida Basílica Catedral, la Plaza de Armas y la Plaza San Martín. Lima, hoy una ciudad que despierta después de una década de construcción congelada, habilita y ocupa cuadras de oficinas y apartamentos abandonados y construye nuevos edificios. Este maquillaje de Lima refleja el despertar económico del Perú.
Ningún país en Latinoamérica ha cambiado tanto en tan poco tiempo. En 1990 Perú estaba inmerso en una guerra violenta contra los maoístas de Sendero Luminoso y sufría los desgastes incomparables del gobierno populista de Alan García, quien, en tres años, ahogó un tercio de la producción nacional y creó inflación al ritmo del 40% mensual. No es una exageración decir que en 1990 los herederos de los incas tocaron el fondo del barril. Entra en escena un exrector de una universidad, Alberto Fujimori. Rescata al Perú del colapso total y logra, para 1994, un crecimiento económico del 12.9%, récord mundial para ese año, y reduce la inflación a la menor tasa desde los años setenta.
Fujimori corrió con una plataforma de izquierda en 1990. Empero, atento a la voz de la opinión pública, adoptó el plan económico de libre mercado de su oponente, Mario Vargas Llosa. Su gobierno liberó el mercado cambiario, quitó los controles al movimiento de capitales e inició un programa agresivo de privatización. El número de impuestos se ha reducido de doscientos a seis, incrementando consecuentemente los ingresos fiscales de 4.5% del Producto Nacional Bruto (PNB) en 1990 a 13.9% en 1994. Los aranceles de importación fueron reducidos de un promedio del 75% a 15% o 25%. Fujimori eliminó los subsidios a la industria y a la agricultura.
Autorizó, además, la legislación que permite la operación de un sistema privado de pensiones similar al de Chile. Más aún, ya es vox populi que el Perú compró su deuda en el mercado secundario, a razón de cuarenta centavos por dólar, logrando reducir aproximadamente US$ 2 mil millones de deuda externa. Aquí Fujimori incumple con la condición pari passu de las finanzas, pero, a ojos vista del pueblo peruano, bajó la carga de la deuda en términos muy favorables y utilizando fondos provenientes de las privatizaciones.
En febrero de 1994, un consorcio liderado por Telefónica de España pagó la exorbitante cantidad de US$ dos mil millones por tener el control de las compañías estatales de telecomunicación CPT y ENTEL (ahora Telefónica del Perú). El gobierno ha privatizado 51 empresas estatales y ha vendido participación en una docena de ellas. En el proceso el gobierno recaudó un total de US$ 3.6 mil millones y obtuvo compromisos de los compradores de invertir en el Perú US$ 4.1 mil millones adicionales.
CONSECUENCIAS DE LA APERTURA PERUANA
Gracias a la apertura hacia el libre mercado, los peruanos, a todo nivel, están haciendo empresa, repatriando su capital y atrayendo el capital internacional. Las primeras empresas peruanas que tocaron las puertas del mercado de capitales internacionales fueron la manufactura alimentaria, La Fabril, que puso a la venta acciones sin voto, y la productora de lácteos Gloria, con una emisión de papel euro-comercial de plazo medio.
Detrás de ellas, la empresa de celulares Tele 2000 emitió bonos convertibles, la empresa Cementos Lima colocó acciones al público, y la distribuidora de Pepsi, Compañía Embotelladora del Pacífico, hizo una emisión privada. La bolsa de Lima abrió las puertas a más de US$ 1.6 mil millones de inversión extranjera y aumentó su capitalización total a más de US$ 5 mil millones, duplicando su volumen en dos años.
Pero la apertura no está enfocada en un sector de la sociedad. Según indica Hernando de Soto, autor del best seller El Otro Sendero y defensor de la pluralidad de los derechos de propiedad, de 1990 a 1994 se crearon 450,000 negocios nuevos, grandes y pequeños. También se extendieron 220,000 títulos de propiedad en las barriadas.
Pobres y ricos están haciendo empresa en el Perú y la están haciendo todos los días durante largas, pero productivas, horas de trabajo. No debe sorprender, por tanto, el nivel de popularidad de que goza Fujimori entre los empresarios (78.7% de acuerdo a una reciente encuesta de Datum Internacional para la joven revista peruana Business), ni el apoyo popular recibido el pasado abril con una mayoría absoluta de 64% del electorado.
FUNCIONA LA DEMOCRACIA LATINOAMERICANA?
El caso Fujimori demuestra, una vez más, que el mercado funciona, eficaz y eficientemente, cuando se deja en libertad a las personas. Lo que no queda claro de la experiencia peruana es: funciona la democracia latinoamericana? La misma pregunta podemos formularnos acerca del éxito chileno bajo Augusto Pinochet. Paradójicamente estos dos gobiernos autoritarios autolimitan drásticamente su poder en el campo económico; es decir, le regresan al pueblo el poder de las decisiones económicas.
De tal forma que quizás la pregunta correcta sea: cómo limitar el poder de los gobiernos democráticos para que no intervengan en la economía? Curiosamente, Guatemala y Perú son dos países muy similares. Igual composición social (pueblo joven y mayoritariamente indígena) y similar historia política (movimientos guerrilleros comunistas, corrupción, intervención estatal en la economía a diestra y siniestra).
Si Perú continúa desechando los mitos mercantilistas como lo ha hecho durante los últimos cinco años, entonces los jóvenes peruanos forjarán un país más rico, más dinámico y escribirán una historia política muy diferente de la nuestra. Quo vadis Guatemala?
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