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Por Margarita Sologuren

Radiografía de una ciudad enferma de delincuencia: entrevista con el Lic. José Eduardo Martí Guilló


Abrir las páginas del diario, escuchar las noticias en la radio y televisión locales o conversar con el vecino en las calles de la ciudad, es suficiente para darse cuenta de los problemas de seguridad que afectan a los habitantes de Guatemala, tierra en donde la cosecha de los delincuentes es cada vez más productiva.

Lo anterior, a causa de la concentración masiva de población en áreas urbanas, el crimen organizado y la impunidad, factores principales a los que el abogado criminólogo José Eduardo Martí Guilló atribuye la creciente ola de secuestros, robos y asaltos, sin olvidar las innumerables estafas y delitos financieros que, tras alcanzar niveles tan elevados como los actuales, están agobiando a la sociedad entera.

LAS CAUSAS DEL PROBLEMA
Si bien más del 80% de la población vive en condiciones de pobreza, no es sólo la escasez de medios de subsistencia la causa de los altos índices de criminalidad.

"Si así fuera, el problema se extendería a las áreas rurales aisladas de la capital", afirma Martí Gilló, quien ha dedicado 35 años de carrera profesional a la investigación financiera y sus aspectos legales.

La migración horizontal, del interior del país a la ciudad capital, de por sí sobrepoblada, confronta los problemas de la falta de identidad y apetencia de bienes suntuarios, que unidos a la falta de empleo, carencia de recursos básicos de alimentación, abrigo, vivienda y falta de acceso a la educación y a la salud son, entre otros factores, que aunque no justifican la delincuencia, parte fundamental para explicarse el porqué predisponen a parte de esa población a cometer delitos.

En nuestro país, la falta de planificación urbana se agudizó después del terremoto de 1976 y obligó a la población del área rural a buscar refugio en la capital, por lo que ésta ha crecido en forma desorganizada.

Por otra parte, el aumento de la criminalidad también se ha agravado por la migración vertical, que en la actualidad registra un ingreso de aproximadamente medio millón de ciudadanos extranjeros que han abandonado los países vecinos por problemas socio-culturales, para establecerse en la ciudad de Guatemala, mientras pueden regresar a su lugar de origen o logran llegar a los Estados Unidos de Norteamérica.

La delincuencia común, el robo o asalto a bancos, antes esporádicos, han sido sustituidos por el crimen organizado, que de manera sistemática y simultánea realiza desde falsificaciones y estafas hasta la sustracción de documentos valorados de cualquier empresa, para cometer voluminosas defraudaciones. No obstante, el narcotráfico, robo de vehículos, contrabando de mercancías y secuestros son las actividades criminales principales.

La falta de coordinación entre estas instituciones produce, no solamente impunidad, sino un reciclaje de delincuentes, detenidos que entran y salen de las cárceles constantemente, muchas veces, sin quedar registro de sus antecedentes policiales", sostiene Guilló.

Reducir el índice delincuencial significa crear un plan de seguridad nacional que vaya más allá de incrementar el número de efectivos policiales. "La mayoría de los gobiernos han creado políticas ministeriales para erradicar la criminalidad, pero no existe una política nacional de seguridad contra el crimen, en la que no sólo el Gobierno sino toda la ciudadanía, estén involucrados".

SECTOR FINANCIERO: BLANCO DE LOS CRIMINALES
El tema del crimen organizado en toda su dimensión no ha sido del dominio del público, pero es motivo de conversación obligada en los círculos económicos y familiares afectados o en reuniones a puerta cerrada de quienes por temor a represalias no se atreven a denunciar los hechos que se suman a una lista aparentemente infinita, ya que no existen cifras exactas ni informaciones suficientes para determinar la cantidad de actos delictivos en el país.

Según el especialista, en el área de seguridad, el sector financiero en particular no está preparado para enfrentar al crimen organizado, pues los planes de seguridad tradicionales, que consistían en prevenir asaltos a agencias bancarias, detectar la emisión y cobros de cheques sin fondos o la adquisición de chequeras en forma fraudulenta, por parte de personas ajenas a los clientes, ya no son suficientes.Las empresas deben aumentar el control interno mediante la modificación de los sistemas operativos y teniendo una cuidadosa selección e investigación de personal.

Aunque estos controles van a reducir en cierto grado los fraudes en contra de las empresas, falta dar una respuesta al problema del urbanismo, el crimen organizado y la impunidad. "Esto requiere de un programa coherente de seguridad nacional que conlleve la coordinación del gobierno y la ciudadanía, teniendo en cuenta que el delito financiero afecta a una parte muy vulnerable de la sociedad, como lo es la economía, ya que al final un alto índice de criminalidad incide seriamente en el sistema económico nacional, puesto que es infantil pensar que un país enfermo de delincuencia pueda obtener recursos económicos a través de inversiones, sean éstas nacionales o extranjeras", concluye el criminólogo José Eduardo Martí Guilló.


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Abril de 1996