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Por Verónica Spross

El desafío de la reforma previsional


El sistema previsional, integrado por varios regímenes como el Programa de Invalidez, Vejez y Sobrevivencia (IVS) del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y el de Clases Pasivas Civiles del Estado, presenta problemas que es necesario resolver cuanto antes. Entre éstos se incluyen los siguientes: baja cobertura del sistema, sólo el 30% de la fuerza laboral está afiliado a algún régimen; problemas estructurales, que se deben al sistema de reparto adoptado; heterogeneidad de requisitos y beneficios, dependiendo del régimen al cual se cotiza; pensiones bajas; deficiencia en las inversiones; vulnerabilidad a la búsqueda de rentas y a la presión política.

El cambio del sistema previsional por uno que permita a cada trabajador tener su propia cuenta, en la que deposita sus ahorros previsionales, y elegir a la entidad que se los administrará, es una de las acciones que deberá realizar el Gobierno en los próximos meses. Esta reforma fue anunciada por el partido gobernante durante la campaña y explicada a grandes rasgos en el foro previo a las elecciones, realizado por la Asociación de Gerentes.

La clave de la reforma es la sustitución de los incentivos negativos del sistema de reparto por incentivos positivos, que motiven el desarrollo de los fondos de pensiones. Este incentivo se logra al introducir un vínculo entre el aporte efectivo de cada persona y los beneficios que se obtienen. Cuatro son los elementos fundamentales que constituyen los cimientos del sistema sugerido:

  1. Cada trabajador deberá tener una cuenta individual, que le permita darle seguimiento a la evolución de su ahorro.
  2. La administración de los fondos será realizada por entidades privadas.
  3. El Estado deberá tener un rol normativo y supervisor, para garantizar la transparencia del sistema, la fluidez de información al cotizante y un marco de competencia.
  4. El trabajador debe tener la libertad de elegir entre las diversas opciones quién administrará sus fondos. Para realizar el cambio se requiere una estrategia integral, que incluya los aspectos financieros, el marco legal y los mecanismos de transición de un sistema a otro.

En diversas ocasiones se han planteado argumentos en contra de una reforma en este campo, pero la mayoría de los mitos para oponerse a ella han quedado desvirtuados con la experiencia de otros países y con el surgimiento de los fondos privados de pensiones en Guatemala, como un producto financiero novedoso.

A veces se ha insistido en que la reforma tendrá un costo fiscal elevado, puesto que la entrega del certificado por los aportes realizados al sistema antiguo tiene que ser financiado a través de los impuestos. Esto resulta ser válido, pero a medias, porque el costo fiscal se tendrá se haga o no la reforma.

La disponibilidad de recursos a largo plazo, que se generarán con la reforma previsional, contribuirá al desarrollo del mercado de capitales y a conseguir la meta de un crecimiento económico y sostenido en las próximas décadas. El esfuerzo por plantear una estrategia coherente e integral será recompensado por un sistema autofinanciable, que permitirá la generación de mejores pensiones para los trabajadores guatemaltecos.


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Abril de 1996