
OPINION
| El desafío de la reforma previsional |
El cambio del sistema previsional por uno que permita a cada trabajador tener su propia cuenta, en la que deposita sus ahorros previsionales, y elegir a la entidad que se los administrará, es una de las acciones que deberá realizar el Gobierno en los próximos meses. Esta reforma fue anunciada por el partido gobernante durante la campaña y explicada a grandes rasgos en el foro previo a las elecciones, realizado por la Asociación de Gerentes.
La clave de la reforma es la sustitución de los incentivos negativos del sistema de reparto por incentivos positivos, que motiven el desarrollo de los fondos de pensiones. Este incentivo se logra al introducir un vínculo entre el aporte efectivo de cada persona y los beneficios que se obtienen. Cuatro son los elementos fundamentales que constituyen los cimientos del sistema sugerido:
En diversas ocasiones se han planteado argumentos en contra de una reforma en este campo, pero la mayoría de los mitos para oponerse a ella han quedado desvirtuados con la experiencia de otros países y con el surgimiento de los fondos privados de pensiones en Guatemala, como un producto financiero novedoso.
A veces se ha insistido en que la reforma tendrá un costo fiscal elevado, puesto que la entrega del certificado por los aportes realizados al sistema antiguo tiene que ser financiado a través de los impuestos. Esto resulta ser válido, pero a medias, porque el costo fiscal se tendrá se haga o no la reforma.
La disponibilidad de recursos a largo plazo, que se
generarán con la reforma previsional, contribuirá al
desarrollo del mercado de capitales y a conseguir la meta de un
crecimiento económico y sostenido en las próximas
décadas. El esfuerzo por plantear una estrategia coherente
e integral será recompensado por un sistema autofinanciable,
que permitirá la generación de mejores pensiones para
los trabajadores guatemaltecos.
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