HISTORIAS DE EXITO ![]() | El sueño imposible de hacer las cosas en Guatemala |
El cáliz de plata descansa sus cuatro siglos en una de las sensibles palmas del joyero Gerardo González Hernández, mientras la otra recorre pausadamente los cientos de relieves forjados a mano en la pieza colonial, animándole a
tratar de poner en palabras 66 años de recuerdos del único acuñador de monedas activo en toda la América Central.
La irresistible aventura de innovar para quien calcula haber creado 1.500 moldes distintos de joyería, le llevó hace dos años a adquirir, en Italia, una prensa hidráulica de 300 toneladas para incursionar en la acuñaci&o
acute;n.
Fue él quien elaboró las medallas oficiales conmemorativas de la segunda visita al país del Papa Juan Pablo II, en febrero pasado.
No todas las historias de los pequeños y medianos empresarios guatemaltecos que han intentado desarrollarse han contado con esas expectativas de continuidad: aunque sí todas han debido atravesar los sinsabores de un sistema económico,
no pocas veces adverso, para el inversor que se juega el todo por el todo en una empresa, en una idea o en un sueño.
Lo primero que acuñaron los González, un proyecto al que se sumó la esposa de Estuardo, Lilia Cifuentes, fue la Medalla Hermano Pedro, edición limitada numerada en oro de 18 quilates, a beneficio de las obras sociales del Herma
no Pedro en la Antigua Guatemala. Por cada una de las 1000 exclusivas piezas entregan un certificado numerado de autenticidad y garantía. Parte de las ganancias se destinan a la reconstrucción de los talleres en donde la organización
de beneficencia repara y construye aparatos para minusválidos.
En una visita que el año pasado realizó a Roma, el entonces presidente, Ramiro de León Carpio, entregó al Papa Juan Pablo II, en nombre del pueblo de Guatemala, la Medalla número uno de esa edición, que ahora se h
alla en el Museo del Vaticano.
Su segundo trabajo fue la acuñación de la medalla oficial conmemorativa de la segunda visita del Papa Juan Pablo II a Guatemala en febrero pasado, en ediciones limitadas en oro de 14, 18 y 24 quilates. Por la venta de cada una de ellas, la I
glesia Católica recibe un beneficio para sus obras sociales.
Ahora, el principal reto de este joyero y acuñador es abrir cada vez más el mercado local, que era ajeno a este tipo de productos.
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