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Por Luis Ixbalanqué de León

Ropa usada para una economía desnuda


Con 100 quetzales se pueden comprar 30 piezas de ropa usada en buen estado, si se visita una tienda que no tiene vitrinas, letreros llamativos, ni una acogedora decoración en el interior del local. El producto se encuentra expuesto en serchas, o bien amontonado en el suelo sobre pedazos de nylon. A estas ventas de ropa se les llama pacas.

El ciudadano escaso de recursos lo sabe muy bien. No necesita hacer un exhaustivo estudio de mercado para conocer la mejor opción de quién será su proveedor de vestuario. Basta que revise su presupuesto mensual y compare las posibilidades de reducir los gastos fijos, para que escoja las pacas.

Sin embargo, no todos comparten con optimismo el despegue que tuvo en 1995 el comercio de la ropa usada. La Dirección General de Aduanas asegura que sería mejor prohibir el ingreso de estos productos al país, ya que sólo provocan distorsiones en el mercado y competencia desleal para el sector textilero. La Gremial Textil y la Gremial de Tejidos de Punto de la Cámara de Industria indica que la evasión fiscal de las pacas alcanzó Q145 millones, sólo en 1994. No obstante, en 1995 se pagaron US$1,783,421 por concepto de aranceles, de acuerdo con cifras del Banguat.

Asimismo, las gremiales aseguran que este comercio ha provocado el cierre de 54 empresas, afectando a más de 55 mil personas que dependen directa e indirectamente de esta industria.

A raíz del caos que provocó el terremoto de 1976, una de las necesidades más urgentes era la del vestuario. Fue así como comenzaron a venir donaciones de ropa usada de varios países. Los envíos de buena voluntad, sin embargo, continuaron ingresando contenedores de ropa usada, con fines de lucro.

Veinte años después de que comenzaron a ingresar a Guatemala contenedores con ropa usada para la venta, se calcula que, por lo menos, un millón de personas está relacionado con esta actividad. Las autoridades no cuentan con un registro pero, según fuentes de personas involucradas, existen unas 44 mil ventas en todo el país. El Guarda es uno de los principales puntos de venta al detalle de ropa usada, y también de pacas en sus diferentes presentaciones. Así como el Guarda, otros de los principales lugares de venta incluyen la colonia La Florida, el Mercado La Terminal, las diferentes colonias de la zona 18 y lugares aledaños a la 18 calle de la zona 1.

Las pacas pesan 100, 1000, y 1200 libras, y su precio varía entre Q850, Q5000, y Q6000. Generalmente, las de 100 libras tienen unas 250 piezas (de calidad), y las de mayor precio alrededor de 2000 prendas (de calidad variable). Este producto puede colocarse a Q5, si se vende individualmente al público. Esto significa que, con una inversión de Q850, se puede obtener una ganancia del 59% (Q500) en relación a lo invertido.

Actualmente, unas 50 importadoras se dedican a adquirir pacas y, generalmente, reciben seis furgones a la semana. Cada furgón tiene capacidad para 38 pacas de hasta 2000 libras. Según fuentes extraoficiales, los envíos provienen de Los Angeles, Nueva York, Houston, Chicago, y Miami. Según los vendedores, la estrategia de ventas es muy sencilla: lo que pida el cliente. Los volúmenes de compra los dicta el mercado.

El Director General de Aduanas, Luis Pedro Toledo, tiene un criterio muy definido acerca de las pacas: "Son pan de hoy y hambre de mañana". Toledo explica que este comercio, aparte de evadir en gran medida al fisco, provocará el fin de la industria de textiles, que también genera empleo. Agrega que la ropa usada también es una fuente de contaminación, por las condiciones insalubres en que vienen de E.E.U.U. Sin embargo, de acuerdo a datos oficiales, la evasión en aduanas fue menor de US$200 mil.

Para importar pacas se requiere obtener la póliza, el registro de fumigación en E.E.U.U., el registro de embarcación, y la factura respectiva. A la fecha, por cada kilogramo de ropa usada se paga al fisco: 30% de impuesto aduanal (SAC) sobre un precio estimado mínimo de US$.80 por kilogramo, y el IVA. Es decir, el importador paga un mínimo de US$1.14 por kilo de paca. En 1994 el Banco de Guatemala reporta que el fisco percibió US$1.3 millones por concepto de derechos aduanales, de un total de 6.2 millones de kilos de ropa usada, retazos, y desperdicios que ingresaron al país.

Dieciséis años después, el crecimiento de esta actividad sigue su camino. Pero, en medio de esta verdadera avalancha de ropa de segunda, las autoridades se muestran preocupadas y el gremio de textileros se enfrenta a un competidor desleal que, por obvio, pasa desapercibido.


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Julio de 1996