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Por Hugo Maul R.

Recesión o desaceleración


Recientemente se ha suscitado una animada polémica sobre la evolución de la economía. Algunos sostienen que se trata de una recesión, y otros, de una desaceleración. Más importante que determinar si es una recesión o una desaceleración, es estar conscientes de que la economía no está creciendo a tasas cercanas al 7%, y que para crecer a estas tasas es necesario aplicar ciertos remedios a la recesión o a la desaceleración.

Se ha de precisar la distinción entre desaceleración y recesión. Afirman los expertos que la recesión ocurre cuando el Producto Nacional Bruto (PNB) se reduce por lo menos durante dos trimestres consecutivos. Por otra parte, el término desaceleración es impreciso. La aceleración "económica" sería la tasa de cambio del crecimiento económico. Es decir, la tasa de cambio de la velocidad a la que crece el PNB. Con una aceleración positiva, la tasa de crecimiento del PNB aumenta; con una aceleración negativa o desaceleración, la tasa de crecimiento del PNB disminuye.

El Banco de Guatemala, a través de su Indicador Mensual de la Actividad Económica (IMAE), ha reportado que la tasa de crecimiento del primer trimestre de 1996 es menor que la del año anterior. Este hecho permite afirmar que el período actual se caracteriza por una desaceleración en la tasa de crecimiento económico.

Dado que no todas las actividades económicas se ven igualmente afectadas durante estos períodos, es importante medir la fuerza con que la recesión o expansión afecta a los distintos sectores económicos. El índice en cuestión no es el resultado de un complicado pronóstico, de dudosa confiabilidad estadística; más bien es un sencillo indicador que puede ser entendido por cualquiera. El índice mide el porcentaje de actividades y variables económicas que se está expandiendo entre un período y otro.

El índice no pretende cuantificar con un alto grado de exactitud la tasa a la que está creciendo la actividad económica. Al contrario, lo que se pretende es medir la tendencia que ha seguido la actividad económica. La evidencia indica que la tendencia de la economía durante los primeros trimestres de 1995 fue de aceleración, y después de ese momento el índice muestra que la economía sigue creciendo, aunque la tasa de crecimiento es menor que para los meses anteriores. El presente año sigue esta misma tendencia; durante los dos primeros trimestres el valor del índice ha fluctuado alrededor del 50%, y la evidencia apunta en la dirección de una desaceleración en el crecimiento económico, aunque no se sabe específicamente la magnitud de la reducción.

El presente análisis podría enriquecerse mucho con la evidencia en poder de los que sostienen que hay recesión. Sería muy importante establecer si la actividad económica se está reduciendo cada vez en mayor grado y si todavía hace falta lo peor. De igual importancia sería saber si lo peor de la recesión ya pasó.

Por de pronto, la evidencia aquí analizada no permite concluir que la economía se encuentre en ese período. Sin embargo, esto no es ganancia, según el ciclo económico descrito en los libros de texto; después de la desaceleración viene la parte más fuerte de la recesión. De todos modos, tal como se dijo al principio, en vez de sobrediagnosticar al paciente, debiéramos darle la medicina que tanto necesita y curarle sus males; sea recesión o desaceleración. Si seguimos diagnosticando y observando al enfermo, nada vamos a lograr, excepto que se nos muera.


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Agosto de 1996