
OPINION"El crecimiento económico ha fracasado para la cuarta parte de la población mundial" es el título de un comunicado de prensa del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), de fecha 17 de julio, refiriéndose al Informe sobre el Desarrollo Humano 1996, publicado recientemente. El comunicado agrega que la diferencia mundial entre los ricos y los pobres aumenta cada día y que, pese a un auge notable del crecimiento económico en quince países durante los últimos tres decenios, 1600 millones de personas quedaron atrás y se hallan en peor situación que hace quince años.
Sin embargo, no podemos esperar que si un país crece económicamente se van a beneficiar los vecinos. El análisis debe hacerse por país.
El reto que deben afrontar hoy las economías de los países pobres es el del crecimiento económico. Además, éste debe ser sostenido en el tiempo. Unicamente mediante el rápido crecimiento económico se podrá brindar bienestar a las grandes mayorías.
Lo que definitivamente se comparte con el documento es que países más exitosos son los que han invertido en la educación y el acceso a los servicios sociales.
No nos debe preocupar que la brecha entre ricos y menos ricos sea mayor. Debemos ocuparnos de cómo hacer ricos a los pobres. La riqueza se crea, se produce, se multiplica, y hasta se comparte, pero no se puede distribuir.
Es falso que los países ricos lo son a costa de los países pobres. Un país es pobre a causa de él mismo, de sus habitantes, y, al final, de sus gobernantes. No está prohibido ser un país rico, pero para serlo es imperante un sistema económico que premie la competencia, la excelencia, y no privilegie a ningun sector económico en particular. Se requiere un sistema económico que potencialice a cada una de las personas, convirtiéndolas en más productivas y generando más riqueza, que, sumada, se transforma en crecimiento económico.
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