Portada ESTRATEGIA COPORATIVA
Por Margarita Sologuren

Forestal Simpson Limitada


Cuando se habla de procesos industriales que tienen como insumo principal a la madera, se piensa en cómo cortar, y no en cómo sembrar, árboles. Aunque el panorama es verdaderamente desalentador, existen escasos proyectos rentables que amortiguan, en forma efectiva y duradera, la tala inmoderada de la masa boscosa del mundo. Uno de esos proyectos se está desarrollando, desde hace una década, en el nororiente de Guatemala, por Forestal Simpson Limitada.

Desde 1988, Simpson ha sostenido una estrecha relación con el Instituto Nacional de Bosques (INAB) y con la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA), con el objetivo de mantener a las autoridades debidamente informadas de sus avances.

Simpson posee actualmente cuatro mil hectáreas en propiedad, de las cuales 3,400 están sembradas con gmelina, y 3,500 son arrendadas. Asimismo, existe una importante zona (400 hectáreas) dedicada a la conservación de vegetación nativa. En total, se espera poder sembrar 10 mil hectáres a corto plazo.

Sembrar la madera no representa, en sí misma, una actividad que genere ganancias a Simpson; el verdadero negocio de Simpson es la fabricación de papel. Simpson define su proyecto de sostenibilidad de la siguiente manera: ser económicamente viable, socialmente justo, y ambientalmente equilibrado, asegurando el uso de la mejor tecnología posible.

El jueves 16 de enero marcó el inicio de una campaña de protesta, encabezada por grupos ecológicos, en torno a la construcción de las nuevas instalaciones de Simpson. Mientras tanto, Simpson se mantiene a la espera de la respuesta de las autoridades, la cual determinará si sus operaciones en Guatemala continúan o no. Una resolución imparcial, ágil y técnica del proyecto de Forestal Simpson puede sentar un buen precedente, para que se haga extensivo a quienes ya se benefician en forma racional y justa, o deseen beneficiarse, de la generosidad del Río Dulce.


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Febrero de 1997