Por Umberto MazzeiEl acuerdo al que se llegó, después de tres años de negociaciones, es producto de la superación tecnológica de los esquemas normativos de las antiguas PTTS (Postal, Telephone and Telegraphic Systems, siglas que dan una idea del anacronismo). El nuevo acuerdo que es un anexo al Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (GATS, por sus siglas en inglés), fue suscrito por 69 países y abrirá a la competencia los mercados de Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y 15 países más en 1998. Otros 16 están comprometidos con la apertura para el 2004.
Las telecomunicaciones, según las definiciones aceptadas en el GATS, se dividen en Telecomunicaciones Básicas y Telecomunicaciones de Valor Agregado. El acuerdo cubre formalmente las telecomunicaciones básicas públicas o privadas. Como ejemplos de las actividades cubiertas por los compromisos, citaremos_ teléfono (voz), transmisión de datos, telégrafo, telex, fax, arriendo de circuitos privados, telefonía celular, sistemas y servicios móviles o fijos de satélite, servicios de datos móviles, localizadores personales (pagers), y sistemas personales de telecomunicación.
El Comercio Internacional de las telecomunicaciones es importante en dos sentidos. Primero, por su repercusión en otras actividades; según los listados de uso intensivo de las telecomunicaciones en otros servicios aparecen: turismo, servicios financieros, servicios de negocios, transporte, construcción e ingeniería y servicios de distribución. Segundo, por su propio volumen de negocios. En 1995 el ingreso global de los servicios de telecomunicaciones fue de US$601,9 millardos, igual al 2.1% del producto mundial bruto, según la OMC: Guatemala está entre los países signatarios y sus ingresos por telecomunicaciones, en 1995, fueron de US$197.2 millones, equivalentes a 0.03% del comercio mundial.
Esta apertura forzosa ofrece malos promósticos para las empresas estatales que no estén acostumbradas a la competencia. Por ello se están privatizando en casi todos los países. Cuando, como Guatel, la empresa estatal ni siquiera ha satisfecho la demanda de servicios e infraestructura básicas, la vulnerabilidad es total, por la necesidad de buscar otras opciones para modernizar las actividades productivas. Con el rumbo que toma el comercio de telecomunicaciones, lo más recomendable es lo que ha venido haciéndose: desmonomopolizar el mercado y vender la empresa estatal, mientras aún existan compradores. Como dicen en francés, la fuite en avant, la fuga por delante.
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