Portada Por Rodrigo Arias

Kasparov vrs. Deep Blue. La última partida


Un año antes Filadefia, febrero de 1996. Justo antes de su jugada cuarenta, en el sexto y último juego contra Deep Blue (la computadora que mejor juega ajedrez), Garry Kasparov (el humano que mejor juega ajedrez), recogió su reloj de la mesa y se lo puso de nuevo en la muñeca. Más de 600 espectadores que miraban el juego festejaron la familiar señal, talvez intencional, de ponerse su reloj cuando siente que el juego está ganado.

Después de esa derrota, los ingenieros de IBM regresaron a Yorktown Heights, NY, a preparar a Deep Blue para la revancha. C.J.Tan, el jefe del proyecto, empezó por preparar una lista de todo lo que podrían mejorar. Para mayo de 1997, Deep Blue estaba lista y en forma. De acuerdo con IBM, la nueva Deep Blue es una computadora RS/6000SP de 32 nodos. Cada nodo posee un nuevo procesador P2SC y 8 procesadores diseñados específicamente para jugar ajedrez. Es decir, más de 256 procesadores funcionando en paralelo, capaces de calcular 200 millones de posiciones de ajedrez por segundo.

Si Kasparov sólo puede evaluar unas tres posiciones por segundo, ¿cómo es que Deep Blue no le gana fácilmente todas las partidas? Deep Blue logra ver muchas más jugadas adelante que Kasparov. Sin embargo, esta ventaja la compensa Kasparov al poseer una capacidad mucho más sofisticada para evaluar cada posición.

El torneo de 6 partidas no pudo ser más reñido. Kasparov empezó ganando 1-0 y Deep Blue ganó la siguiente partida. Después de tres empates consecutivos (al empatar se asigna medio punto a cada jugador), ambos contendientes tenían 2.5 puntos cada uno. Todo se decidió así, en la última partida. De manera rápida y brutal, Deep Blue desbancó a la humanidad, al menos, temporalmente, como la entidad que mejor juega ajedrez en el planeta, cuando Garry Kasparov, el campeón mundial de ajedrez, se rindió en el sexto y último juego del torneo, tan sólo después de 19 jugadas, diciendo "perdí mi espíritu de lucha."(

Los grandes maestros presentes en el Equitable Center de Manhattan para ver el torneo se quedaron, esta vez, perplejos, sumidos en el silencio.


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Julio de 1997